7 de junio de 2009

Transición



No hay nada especial que lo indique. Ninguna fecha simbólica, ninguna línea marcada en el calendario. Y, sin embargo, noto que éste es un mes clave. Aunque no sea el mes de la mitad de la beca, ni aquél en el que consigo, por fin, atar todos los cabos sueltos en este país tan similar como diferente.

Pero tras un enero desubicado, un febrero gélido, un marzo extraño, un abril ausente y un mayo cambiante, presiento que junio es el mes de la transición definitiva. Por muy contradictorios que suenen el nombre y el adjetivo.

A sabiendas de que ninguna experiencia es lineal, y de que, en realidad, la vida es pura transición; necesito arriesgar. Lanzar los dados, y jugármelo todo a una sola carta. El siete de tréboles, si puede ser.

A Change is Gonna Come - Sam Cooke

24 de mayo de 2009

Patriotas



Mañana es Memorial Day, el día en el que Estados Unidos conmemora, con su grandilocuencia habitual, la memoria de los caídos en guerra. Y lo más cercano a la gloria que rodea el aura de los caídos les corresponde a los veteranos. Aquellos que, según el discurso de bolsillo, defendieron el honor, la patria, y los ideales sobre los que fue fundada.

Los veteranos son la arista base del simple poliedro sobre el que este país basa sus ideales. Cuando apenas hay carga histórica, y muchos de los momentos clave pueden contarse aún en primera persona, tener a alguien que personifique aquello que siempre te han repetido que hizo grande a tu nación desborda cualquier clase de racionalidad.

Por eso, cuando cientos de sesentones encaramados a flamantes Harley Davidson inician su desfile anual por el centro de Washington, de camino al monumento a los caídos en Vietnam, sólo hay espacio para la emoción. Para pancartas, himnos, manos en el pecho, y banderas, hileras de banderas.

Mientras contempla el vigésimo tercer desfile de su vida, un motero con el cuero del chaleco plagado de condecoraciones habla del alto precio que hay que pagar por ser estadounidenses, de valientes dispuestos a hacer el trabajo al que otros no se atreven. Sus facciones ajadas tratan de servir de testigo. Sus palabras suenan rotundas, calculadas.

Pero yo tengo que hacer esfuerzos para que mi ceja más escéptica permanezca en su sitio. Los discursos patrióticos, vengan del lado que vengan, siempre me han provocado alergia. Me permito, incluso, sentir un inicio de compasión por la gente para la que la bandera lo es todo.

Aún así, tras casi tres kilómetros de recorrido plagado de patriotas convencidos, de símbolos, de vítores, de jaleos, se va abriendo paso otro tipo de sensación. Esa anciana que se mantiene de pie ante la carretera, mirando con respeto a todas y cada una de las motos, no me parece tan inconsciente.

Me pellizco, me tomo la temperatura. Sólo me faltaba, empezar a entender a los patriotas.

Ashes of American Flags - Wilco










18 de mayo de 2009

Escaleras



Miro el andén cada vez desde más alto, hasta que mis pies chocan con el fin de la escalera mecánica. De golpe, viene a mi memoria uno de mis despistes más tempranos, aquél en el que uno de mis primeros pares de sandalias fue presa del tramo final de la escalera. Las sandalias perdieron su betún, pero yo aprendí la lección. Desde entonces, siempre bajaba con la mirada fija en la peligrosa trampa, y la esquivaba con mi mejor salto mortal.
El recuerdo me dibuja una sonrisa inesperada, y trato de llenar los cinco minutos de paseo con unos cuantos más. Los suficientes para alejar la certeza de que cuando regrese, por la tarde, sólo me quedará mirar el breve espacio entre el cartel que anuncia la estación y la enorme papelera, e imaginar las prisas de los que lo pasan de largo cada día, la voz ronca del encargado de la limpieza que lo friega cada noche... y todo lo demás.

See you soon - Coldplay

17 de mayo de 2009

NYC



El autobús de ida a Nueva York no tiene la misma emoción que el de los chinos. Hay cinturones, los asientos no se tambalean y el conductor no tiene el impulso kamikaze de cruzar un paso de nivel mientras baja la barrera.

Claro que este fin de semana en la Gran Manzana es muy diferente a aquel, con apenas un mes de experiencia yankee a cuestas, cegada por las luces de Times Square, abrigada hasta la nariz y timada en los clubes nocturnos.

Nos quedamos en los últimos asientos, y la gente no parece molestarse porque viajemos inventando canciones. La exagerada amabilidad estadounidense, de nuevo.
Y, entre rimas sobre ciudades desconocidas, aparece de nuevo ante mis ojos.

Times Square no es tan deslumbrante esta vez, y las avenidas no se hacen tan largas. El metro sigue estando sucio, pero poco importa. Hacemos miles de planes, sabiendo que no cumpliremos ni la mitad. Pero lo que cuenta es planear. Aunque esta vez tampoco vaya a ver la Estatua de Libertad ni subir al Empire State, y vuelva a perder horas en un delicioso brunch.

Observamos Nueva Jersey al otro lado del Hudson, recorremos el Upper West Side, paseamos por Chelsea y Tribecca, y se esfuma el sábado.
Admiramos el arte del MoMa, nos deja indiferentes la Quinta Avenida, nos despedimos de las ardillas de una esquina inferior de Central Park, y se nos va el domingo.

Antes de poder darme cuenta, engullo el último perrito caliente en la ciudad sobre la que cantaba Sinatra, al que versionó la siempre cálida Chan Marshall, en la que Sting se sintió un extraño y Simon y Garfunkel se sintieron solos, a la que dedicaron uno de sus temas más deprimentes los depresivos Interpol.

"I know you've supported me for a long time. Somehow I'm not impressed.

But New York is".

NYC - Interpol

14 de mayo de 2009

24



Lo recuerdo como si fuera ayer. Llegaba la víspera de mi cumpleaños y me acostaba con la sonrisa en la cara, con la ilusión desbordada de quien sabe que el día siguiente será histórico.

Me encantaba el papel de los regalos, y que la tarta siempre fuera de chocolate.

Las celebraciones nunca fueron espectaculares. Bastaba con montar un karaoke en la terraza de casa, aspirar el helio de los globos de la fiesta o poder quedarme hasta las doce bajo la lluvia de la verbena del colegio.
Durante veinticuatro horas, todo encajaba en su sitio.

Por eso me he sorprendido cuando el reloj ha dado las doce y algú me ha felicitado. Por un momento, he dejado que el número me impresione. No porque me sienta más vieja; más bien por todo lo contrario. Pero, impuntual como yo, vuelve a invadirme esa ilusión infantil que llegaba a medianoche. Aunque no estén tantos que siempre me han acompañado, aunque sea la primera vez que cuento uno más lejos de Madrid y vaya a faltar en el álbum la clásica foto con los azulejos de la cocina detrás y las caras impagables de Álvaro y Javier.

Al final, recibo los años como si fueran once, cenando helado y yendo pronto a la cama. Cerrando fuerte los ojos, y esperando un día histórico. Sólo uno.
O dos, o tres, o cuatro... Veinticuatro.

Birthday - The Beatles

11 de mayo de 2009

Tormenta



Creo que ya lo escribí, pero el tiempo en esta ciudad está loco. Comienzo el fin de semana tumbada frente al río en manga corta y gafas de sol, con los dedos rozando la hierba, inventando formas de nubes en el cielo, convirtiendo lo extraño en familiar de nuevo. El cielo está tan claro y la brisa es tan suave que todo promete ser estable, al menos hasta que llegue de nuevo el invierno. Pero el ciclo de anticiclón y borrasca nunca falla, y la jornada de vuelta a la rutina se cierra con una tormenta de las que apenas se ven en esta ciudad. Sin nada que la anunciara, sin nubes amenazadoras en las horas previas, la lluvia empieza a inundarlo todo.

El agradable camino a casa se convierte de golpe en una carrera por etapas, con paradas en los puntos estratégicos y en los que no lo son tanto, con canciones y bailes, con el paraguas cerrado y tu sonrisa como única certeza. Y mientras volvemos a casa empapados, chapoteando como los patos de la plaza, agotados de tanto reír, me pregunto si, aunque necesite el sol, no serán las tormentas las que realmente me hacen feliz.

Raindrops Keep Falling on my Head - B.J. Thomas